
«No puede haber un abordaje crítico a la ciencia si no tenemos una conciencia geohistórica de dónde nos encontramos, quiénes somos y adónde queremos llegar.
Porque la consecuencia de la colonización de nuestra América es un modelo de ciencia, de pensamiento, de religión y está, por supuesto, justificado bajo un sistema económico.
La ciencia, como parte de los procesos humanos, responde a un sistema de creencias, a un modelo cultural y a un sistema económico impuesto. Dicho de otro modo: no es independiente y no es neutra; y no puede serlo, porque está sujeta a esos estamentos que, incluso, son leyes y son dogmas, los cuales reproducimos como fruto de la colonialidad.
Esa es la ciencia que ha colonizado el pensamiento, nuestra acción, nuestra vida cotidiana».
Ministra Gabriela Jiménez-Ramírez en el foro «Una ciencia para nuestro tiempo».
«La misma definición de «ciencia» es producto de un sistema medieval, eurocentrista, caracterizado por un racismo epistémico que justifica muchas de las consecuencias negativas que hoy vivimos bajo paradigmas de avance y “progreso”.
El mundo que conocemos: ese mundo de las redes sociales, ese mundo del bombardeo de las armas de guerra, este mundo que desarrolla tecnologías en nombre del “desarrollo/progreso” responde a una dinámica individual, no colectiva, no comunitaria, como es la estructura de la vida: lo común.
Pensar la ciencia es pensar a qué racionalidad o irracionalidad responde esa ciencia. ¿Qué elementos culturales y qué modelo económico implementa esa ciencia?
He aquí cinco desafíos —voy a decir “bioéticos”— para tratar de contextualizar hacia dónde debe orientarse la construcción colectiva de pensamiento, de procesos, de metódicas, de métodos, de metodologías —que no están solo necesariamente justificados bajo el método científico—: 1) la ética de la vida frente a los problemas modernos; 2) la relación entre racionalidad y ecología, especialmente en un momento de crisis ambiental global; 3) estrategias para hacer frente a las complejidades que desarrolla la colonialidad en pleno colapso civilizatorio de Occidente, como los riesgos que suponen la IA y las interfaces cerebro-computadora; 4) la soberanía tecnológica; 5) y el conocimiento para la defensa de los pueblos frente a las agresiones imperiales.
Por eso es el debate; porque, si hacer una ciencia otra está solo justificado bajo el método científico, estamos atrapados en el mismo laberinto. Tenemos que reconocer la diversidad de conocimientos. Como decía el Libertador, el conocimiento es una ventana para la libertad. Bolívar coloca el conocimiento como un elemento emancipatorio (no habla de ciencia en ese momento). Pero no es cualquier conocimiento: es el conocimiento liberador. En la herencia de Simón Bolívar, hay mucha ciencia; una herencia que todavía hay que estudiar y descolonizar, porque Bolívar quedó secuestrado en las clases burguesas.
Por eso estamos en esta batalla filosófica y cultural del poder popular…, de la construcción del poder popular como elemento emancipatorio, desde esa diversidad cultural de lo que somos nosotras y nosotros. Reconocer que existimos porque existe la comunidad, porque es un elemento identitario de nuestra cosmovisión y porque representa una esperanza real de futuro.
Nos encontramos ante un modelo civilizatorio que atenta contra la misma construcción y defensa de la vida —de la vida, en todas sus expresiones—.
Frente a este panorama, hay conocimientos y hay otros métodos para construir colectivamente sentipensares, aportes. La apropiación comunal a la que nos invitó tanto el comandante Chávez, para que la ciencia no se quede en los estancos medievales con los que fuimos (de)formados en las universidades. Por eso cuando escuchamos a los maestros descoloniales a uno le entra como un cortocircuito en los más de 80 millones de neuronas que tenemos en el cerebro; porque esa no fue la historia que nos contaron.






