Todos hemos usado alguna vez un resorte y sabemos que si lo estiramos o comprimimos y luego lo soltamos, vuelve a su forma original. Detrás de este fenómeno cotidiano se esconde la famosa «ley de Hooke» $F=-kx$ Esta ley empírica fue formulada por el físico inglés Robert Hooke (1635-1703) y ha resultado de gran utilidad práctica, lo que le valió a Hooke un merecido reconocimiento.


Hooke fue el primer «Director de Experimentos» de la Royal Society de Londres, un cargo que ejerció de por vida durante cuatro décadas. Como tal, era responsable de montar demostraciones de todo tipo, las cuales se presentaban para su discusión en las reuniones periódicas de los miembros de esa Sociedad. La principal orientación de la Royal Society consistía en rechazar las especulaciones generales, favoreciendo en cambio la experimentación y la observación detallada, orientación resumida en su lema «Nullius in verba», que podría traducirse como «No le creas a nadie basándose sólo en su palabra».
Sin embargo, en su época lo que le dio más fama a Hooke no fue su ley de elasticidad sino la publicación en 1665 de una obra titulada «Micrographia», la que por muchos es considerada como el primer libro sobre Microscopía. El título completo, característico de la época, era: «Micrografía: o algunas descripciones fisiológicas de cuerpos diminutos realizadas mediante vidrios de aumento. Con observaciones y disquisiciones sobre ellas».






En ese libro se recogen dibujos detallados realizados por él, a partir de observaciones con el microscopio, de diversos tipos de objetos y organismos de su entorno cotidiano. En su obra, Hooke describe también el microscopio compuesto que construyó para sus observaciones y cómo diseñó un sistema de iluminación tal que le permitiera hacer sus observaciones usando ya sea la luz solar que entraba en su sala de trabajo a través de una ventana única, o la luz de la llamita de una lámpara de aceite que le permitía trabajar de noche o en días nublados, lo que demuestra su increíble habilidad para sortear las limitaciones técnicas de la época. Se le reconoce el haber sido el primero en perfeccionar y utilizar el microscopio compuesto de manera sistemática para la investigación científica, estableciendo un modelo para desarrollos posteriores.

Los objetos que observó y describió fueron muy variados, y comprenden desde simples objetos artificiales (como la punta de una aguja o la trama de una tela) hasta complejos organismos (ácaros, insectos, larvas, musgos o plumas), entre muchos otros. No son sólo los finos dibujos de Hooke, lo que le da valor a esta obra, siendo su verdadero legado su esfuerzo en relacionar la estructura microscópica que observaba con la función y propiedades de estos objetos, mediante observación, experimentos y conjeturas. Es así como describe la metamorfosis de los zancudos, por qué un piojo puede desplazarse fácilmente por un cabello, cuál es el mecanismo por el que las hojas de ortiga irritan la piel y por qué el corcho flota y se puede usar eficientemente como tapón (fue precisamente al observar el corcho cuando Hooke acuñó el término «célula», de amplio uso en Biología, ya que su estructura porosa le recordaba a las pequeñas habitaciones o celdas de los monjes. Es este esfuerzo por relacionar estructura con función o con propiedades lo que continúa animando a los microscopistas en su búsqueda científica.
Hooke era inmensamente optimista acerca de la capacidad humana para generar instrumentos científicos que vencieran las limitaciones de nuestros sentidos y acerca de la cooperación científica dirigida hacia el bien de la humanidad. Sin duda, con su ‘Micrographia’, Hooke no solo nos mostró un mundo nuevo, sino que sentó las bases de una nueva forma de hacer ciencia.
C. Rojas. Centro de Microscopía Electrónica “Dr. Mitsuo Ogura”. Fac. Ciencias-UCV.







