Nuestro cerebro es un ecosistema fascinante y altamente dinámico, habitado por al menos 86.000 millones de neuronas que se reconfiguran constantemente.

Recientemente, un extraordinario trabajo científico, respaldado por el análisis de más de 3.800 personas de entre cero y 90 años mediante resonancias magnéticas, ha logrado identificar y demostrar cuatro puntos de inflexión fundamentales en el desarrollo de estas conexiones a lo largo de nuestra vida.

 Este descubrimiento nos permite trazar un mapa sin precedentes que marca el principio y el fin de las distintas «edades» del cerebro humano.

Este hallazgo tiene un impacto inmenso para la ciencia y la salud pública. Entender cómo se conecta y transforma nuestra red neuronal es vital, ya que estas estructuras están estrechamente relacionadas con trastornos neurológicos, mentales y del neurodesarrollo.

Al comprender estos cuatro puntos de inflexión clave, la comunidad científica podrá determinar con mayor precisión a qué alteraciones es más vulnerable el cerebro en cada etapa, permitiéndonos distinguir a tiempo un cambio cognitivo saludable de los primeros signos de una enfermedad, protegiendo así la calidad de vida de nuestra población.

Sin embargo, a medida que la ciencia avanza en su capacidad de mapear y comprender nuestra mente, también crecen las responsabilidades.

Es aquí donde cobra una importancia vital la consolidación de un Código de Ética para las Neurotecnologías. El avance científico y tecnológico debe ir siempre de la mano con la preservación de la dignidad humana; las herramientas diseñadas para sanar y descifrar el comportamiento humano jamás deben convertirse en instrumentos que vulneren nuestra esencia o nuestra intimidad.

Por esta razón, acompañamos y observamos con profunda atención el debate mundial sobre la creación de un proyecto de Ley de Neuroderechos.

La privacidad mental, la identidad personal y el libre albedrío deben ser resguardados jurídicamente frente al avance de las nuevas tecnologías.

Nuestro compromiso inquebrantable es garantizar que el estudio del cerebro y la innovación tecnológica estén siempre subordinados al servicio de la vida, a la salud integral de nuestro pueblo y al respeto absoluto de la condición humana.

Fuente:
https://doi.org/10.1038/s41467-025-65974-8

Facebook
Telegram
Email