
Chávez entendió, como pocos, que un pueblo debe ser, ante todo, un pueblo que piensa de manera crítica y crea desde sus propias cosmovisiones. Su visión trascendental no se quedó en el discurso; se materializó e impulsó sin precedentes a una ciencia y una tecnología comprometida con la soberanía de los pueblos.
Fomentó la inventiva popular, creyendo firmemente que el ingenio venezolano y su pensamiento crítico pueden romper cualquier cadena de dependencia. Bajo su guía, trabajamos ciencia adentro, comenzamos a reconocer los saberes del pueblo como, parte de la ciencia nuestra; miramos al espacio con nuestros propios satélites y pusimos herramientas digitales en las manos de cada niño con el proyecto Canaima.
Ciencia para la vida
Nos dejó el legado de una ciencia con ética, enfocada en resolver las necesidades del pueblo y no en el lucro, impulsando centros de investigación y salud que hoy son baluartes de resistencia.
De él recordamos su mensaje:
«No se queden solo con el conocimiento teórico; vayan a la práctica, inventen, creen. La independencia definitiva pasa por nuestras mentes y nuestras manos».
“Nosotros necesitamos construir nuestro estilo científico-tecnológico, irle dando forma –y este acto es esencial, porque nuestro estilo no es el estilo del Norte (importado), ¡no!, es un estilo criollo, un estilo nuestro, creativo, diverso–, que venga de nuestras propias entrañas, de nuestra historia, nuestra cultura, nuestras tradiciones y, sobre todo y especialmente, que sea impulsado en función de nuestras necesidades”.
Chávez es una invitación permanente a construir un tipo de ciencia que trascienda la lógica del proyecto moderno/colonial/capitalista que nos permita vivir bien en comunidad.
Fuente: Prensa FIIIDT







