Cuando el clarín de la patria llama, la ciencia responde

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Por Roberto Betancourt:

Tras el oprobioso, sofisticado y asimétrico ataque militar con desmedido impacto humano, la respuesta venezolana ha surgido desde lo más profundo de la sociedad: el amor al terruño, que José Ingenieros reconocía como fuerza moral de la humanidad. Frente a la violación contemporánea más flagrante del derecho internacional, que se ha materializado en una agresión armada, atentados contra residencias, instalaciones dedicadas a la salud, la educación y a la ciencia y el secuestro del presidente constitucional, Nicolás Maduro, y de la primera combatiente, Cilia Flores, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha hecho un llamamiento a la serenidad, la ética y la acción creadora. Esta invitación ha encontrado eco en uno de los sectores más sensibles y disciplinados del país: la comunidad científica.

El Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación ha retomado sus actividades con una determinación que trasciende la mera rutina institucional. Los laboratorios dañados por la violencia han vuelto a encender equipos, cuadernos y voluntades. El Registro Venezolano de Ciencia, Tecnología e Innovación (Recitven), administrado por el Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Oncti), adscrito al órgano competente del Estado en la materia, ofrece pruebas elocuentes de este esfuerzo colectivo. En apenas dos semanas, alrededor de quinientas personas se han incorporado al padrón nacional y cerca de otros dos mil han actualizado sus actividades de investigación y desarrollo (I+D). Estas cifras superan con creces la tendencia histórica de los primeros meses de otros períodos, cuando el inicio del año solía ser mucho más tranquilo, con apenas un par de decenas de personas inscritas.

El perfil de esta participación científica también resulta revelador, ya que en él predominan los profesionales de las ciencias médicas y de la salud, que concentran el 63 % de los participantes, la mayoría de ellos del poder popular (64 %), seguidos por instancias del gobierno (22 %) y de la educación universitaria (12 %). Tampoco extraña el rol de la mujer en la ciencia en nuestro país, ya que el 75 % de los integrantes son mujeres. Esta volitiva y devota resolución pone de manifiesto la sensibilidad patriótica, el sentido de la urgencia y el compromiso con la vida, cualidades que René Descartes describía como pasión transformadora cuando la razón se alinea con el bien común.

Esta fenomenal movilización colectiva confirma la existencia de una disciplina nacional que se articula con el liderazgo del Gobierno Bolivariano y con la conducción política ejercida por la presidenta encargada en circunstancias excepcionales. La ciencia venezolana ha respondido como un cuerpo moral organizado, consciente de su papel histórico. Parafraseando a El Libertador: cuando el clarín de la patria llama, los tubos de ensayo retumban, los datos se ordenan desafiantes y las ideas germinan sobre el fértil papel.

En este escenario, las actividades de I+D se consolidan como trinchera creadora, baluarte de la independencia y lenguaje de soberanía. La comunidad científica se sitúa en la primera línea de una defensa que prioriza la vida, la dignidad y el futuro. Con disciplina y esperanza basada en pruebas, reafirma la decisión colectiva de salvar la patria de Bolívar mediante el conocimiento puesto al servicio del pueblo.

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