Gloria Georgette Carvalho Kassar
La versión manipulada de la historia ha intencionadamente desdibujado el desarrollo científico y tecnológico propio en el “Continente de Colón”[1] durante los siglos XVIII y XIX, sosteniendo así la versión euro céntrica de que la ciencia se desarrollaba exclusivamente en Europa, sin embargo, diversas pruebas demuestran el alto nivel de desarrollo matemático, astronómico y científico que alcanzaron nuestros próceres de la independencia, quienes desarrollaron patrones de referencias estelares y métodos de posicionamiento geográfico propios, aplicables solo al hemisferio Sur, indispensables para el desplazamiento de las distintas campañas emancipadoras en el continente. La enseñanza de matemáticas, astronomía y cartografía se convirtió también en la vía para reclutar jóvenes adeptos a la causa independentista y se transmitió de padres a hijos y nietos, con un legado que trasciende a nuestros días, a través de la fundación de los institutos dedicados a estas ciencias en el país.
El posicionamiento geográfico en los siglos XVIII y XIX estaba basado en el conocimiento profundo de distintas constelaciones estelares y el uso simultaneo del sextante y el astrolabio, que para el siglo XI[2] alcanzaron un importante nivel de sofisticación, reportando casi todas las constelaciones conocidas para el hemisferio norte, sin embargo, dos elementos importantes entraban en juego para el siglo XVIII en América: los tribunales de la inquisición que imponían la versión de que la tierra era el centro del universo y por ende la satanización de los estudios astronómicos y que las estrellas que se visualizan en el hemisferio sur son completamente diferentes a las del hemisferio norte, no siendo aplicables los métodos de orientación estelar conocidos a la época, por ejemplo, la latitud en el hemisferio norte se determina desde aquella época, hasta nuestros días, con el sextante ubicando la estrella Polaris, en el sur no se ve Polaris, es necesario ubicar la Cruz del Sur y realizar una corrección trigonométrica con precisión de segundos, que cambia según la época del año, en promedio aproximado representa una desviación de 30 grados respecto al eje de rotación de la tierra. O por ejemplo, en el hemisferio norte la hora durante la noche se determina por la posición relativa entre las constelaciones de la Osa Mayor y la Osa Menor, cuerpos celestes que no se visualizan desde el sur.
Es así como, tan solo pensar en movilizarse “de Cartagena a Ayacucho”, requería de sendos conocimientos astronómicos, matemáticos y cartográficos hasta ahora no valorados por nuestros relatos históricos. El primer matemático venezolano de fama mundial, destacado en estas artes es el caraqueño Joseph Antonio Xavier de la Candelaria del Pozo y Sucre, nacido el 2 de febrero de 1741, fundador y primer director de la escuela de matemáticas e ingeniería militar en Cádiz-España, quien se comprometió por escrito desde 1790 a dar la libertad a nuestros pueblos[3], junto con el caraqueño Francisco de Miranda y el chileno Manuel Salas Colbarán. Es reconocido por la historiografía clásica, el amor de Francisco de Miranda por las matemáticas, pero es mostrado como una especie de afición, sin valorar la importancia medular de esta ciencia en las artes militares, también se reporta tímidamente el papel de Francisco de Miranda como profesor de matemáticas en Londres y su alumno destacado y discípulo revolucionario Bernardo O´Higgins. Por su parte a Manuel Salas Colbarán, se le reconoce la creación de la Real Academia de San Luis en Chile, con especial énfasis de la creación de la cátedra de matemáticas dentro de esta institución, a su criterio, pieza esencial para la industrialización del país y por ende la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Los precursores de la independencia tenían el convencimiento pleno de que las matemáticas, la educación popular y el desarrollo de las ciencias eran indispensables para sostener la independencia con la que soñaban y con la que se habían comprometido desde 1790 en Londres-Inglaterra y ratificado en París-Francia en 1797.
Francisco de Miranda había emprendido en 1786 un recorrido para evaluar el progreso humano, científico y cultural de las naciones, financiado por Catalina, como se aprecia claramente en los documentos de Colombeia[4]. Así, Francisco de Miranda aprovechó su viaje para adquirir textos científicos, reunirse con científicos e inventores alrededor del mundo para tratar de llevar esos progresos a la tierra que le vio nacer, siendo el ejecutor encargado de estos sueños, su amigo de infancia Carlos Thomas del Pozo y Sucre (1745-1813), hermano menor de José del Pozo (Joseph Antonio Xavier de la Candelaria), compañero de armas y de ideales de Miranda. Con exactitud al calco de los textos de Miranda y asombroso éxito, Carlos del Pozo logró replicar en Venezuela la vacuna de la viruela para el año 1804, creada por Daniil Samoilovich Sushkovsky, médico Ruso que había recibido los máximos honores como miembro de la realeza rusa luego de controlar la peste en Moscú en 1771. Miranda se reunió con Samoilovich en 1787 y obtuvo una copia de su tratado de creación de la vacuna que había sido publicado apenas 4 años antes por el autor y ya contaba con traducciones a mas de 6 idiomas. La vacuna de Carlos del Pozo lograda en Calabozo tiene testimonio en diversos documentos históricos “Su informe mereció la aprobación de la Junta Superior de medicina de Madrid, … En la Gaceta de Madrid de 14 de octubre de 1806 se dio cuenta de este hallazgo”.[5]
Así mismo, el venezolano Carlos del Pozo construyó una máquina para generar electricidad y otra para medir los grados de electricidad, basada en los reportes de varias visitas que haría Francisco de Miranda al general danés Weiner, en Copenhagen en 1787[6]. El general Weiner haría tratamientos de lo que hoy llamaríamos electro-fisiología a personal militar tal y como se describe en Colombeia, estos datos serían probablemente la semilla de los desarrollos de Del Pozo y sus estudios con “tembladores” (pez eléctrico endémico de Venezuela). La máquina eléctrica y el aparato de medición creados en la llanura venezolana por Carlos del Pozo fueron ampliamente elogiados por Alejandro Humboldt quien los vio en funcionamiento en 1799 y los reportó en diversos párrafos de su famosa obra Viaje a las Regiones Equinocciales, diciendo específicamente que había hecho descubrimientos gracias a los novedosos e inéditos aparatos de Del Pozo, “contrario a eso que se había pensado hasta ahora en Europa por falta de instrumentos finos introducidos en estas Indias”[7]. Así mismo, existen diversos reportes literarios de los pararrayos construidos en Calabozo por Carlos del Pozo, inspirados esta vez en los textos de Benjamín Franklin. Es importante señalar el notorio relacionamiento y reconocimiento tanto de Francisco de Miranda como de José del Pozo y Sucre (hermano mayor de Carlos) con la batalla de Penzacola y la independencia de Estados Unidos y por ende su cercanía con militares norteamericanos, lo que justifica la tenencia de aquellos textos por parte de Carlos del Pozo en medio de la mas cruenta censura a la ciencia impuesta por los tribunales de la inquisición.
Es así como aparecen destacados matemáticos, astrónomos y científicos como epicentro del quehacer independentista y la difusión de las ideas emancipadoras: José Mires, fundador de la academia de matemáticas de Caracas en 1808 donde se formarían Antonio José de Sucre y Judas Tadeo Piñango, no a caso Mires fue denominado por Monteverde como uno de los ocho “monstruos” y desterrado infructuosamente a Cádiz[8]. Sin el desarrollo de la matemática, la astronomía y la ciencia no sería posible el sostenimiento de la independencia, los militares patriotas debían transmitir estos conocimientos en casa, las bibliotecas familiares eran los tesoros mas importantes para luchar por la independencia, por eso el empeño de Miranda y de José del Pozo en los textos y el estudio. Antonio José de Sucre, nuestro Gran Mariscal de Ayacucho es sobrino nieto de Carlos y José del Pozo, pero también es primo hermano de Casimiro, Manuel, José Maria Isaba Sucre, los tres hermanos soldados patriotas con amplios conocimientos matemáticos y astronómicos, cuya descendencia institucionalizaría las ciencias en el país.
El papel del venezolano Andrés Bello como físico, matemático y sobre todo astrónomo destacado del hemisferio sur ha sido también silenciado, se usa comúnmente el calificativo de “maestro de geografía” del Libertador, ignorando que la ubicación geográfica deriva del conocimiento matemático y sobre todo de las referencias astronómicas precisas, las cuales no estaban desarrolladas para el hemisferio sur, el texto original de Andrés Bello “Cosmografía” de más de 700 páginas es testigo irrefutable de esta necesidad inminente de los patriotas de cartografiar el sur, empresa en la que también colaboraría Alejandro Humboldt y da sentido a la actividad masónica en la región, los estudios estelares debían manejarse en secreto ya que los tribunales de la inquisición se mantenían al asecho.
Juan Manuel Cagigal y Odoardo, Cumanes, nieto de Juan Manuel Cagigal y Monserrat el protector y amigo de Francisco de Miranda, fue otro destacado matemático venezolano de fama internacional, en 1828 se le ofreció ser el director de la universidad de Alcalá de Henares, Madrid-España, a lo cual sin titubear respondió «No puedo, señores, abandonar a mi patria donde me necesitan más que en otra parte»[9], fiel a su convicción fundaría en 1833 la Academia de Matemáticas de Caracas, ejerció por una década como director e instructor de matemáticas, astronomía y sobre todo inspiración patriótica de personajes como “José María Vargas, Rafael María Baralt, Fermín Toro, Cecilio Acosta, Diego Bautista Urbaneja, Luis Sanojo, Luis Espelozín, Felipe Larrazábal, Martín Tovar y Tovar”[10]. Por su parte, la descendencia de la familia Sucre también legaba los estudios matemáticos en el seno familiar, así aparece la yaracuyana Delfina del Carmen Isava González (1850-1947), nieta de Casimiro Isava Sucre (primo hermano de Antonio José de Sucre), madre de 10 hijos y educadora de vocación.
Delfina Isava González y su esposo el general zuliano Francisco Antonio Duarte Sánchez, son dos baluartes educadores matemáticos, astrónomos y patriotas ignorados por la historia, enseñaron a sus diez hijos el amor y el valor de las matemáticas en la construcción de la Patria, legaron a la juventud venezolana importantes obras literarias como “Un tratado elemental de Aritmética escrito en San Felipe en 1885”, “emprendido para dedicarlo exclusivamente a la instrucción de mis hijos, en este importantísimo ramo de los conocimientos humanos” , “De la disposición y uso de las tablas de los logaritmos”, otro sobre dibujo y un extenso manuscrito que forman dos gruesos volúmenes y que son traducción del francés del “Curso Elemental de Astronomía” por Ch. Delaunay[11]. Así, las tres hijas mayores de este matrimonio: Dolores Delfina del Carmen (1877-1952), Delfina Matilda (1878-1974) y Adriana Delfina del Carmen (1879-1968) fueron formadas por sus padres y presentaron en 1896 exámenes de suficiencia obteniendo el título de agrimensor en la Universidad Central de Venezuela, siendo así las 3 primeras mujeres en obtener títulos universitarios en Venezuela.
Francisco José Mariano Duarte Isava, el quinto hijo de Delfina, zuliano, nacido en 1883, educado en casa, fue uno de los matemáticos mas destacados del siglo XX a nivel mundial, con apenas 19 años de edad calculó 200 decimales de Pi, se convirtió en un referente con su método de determinación de alturas a partir de posiciones astronómicas, activa en 1933 la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela[12]. Francisco José Duarte se convertiría en amigo, mentor y padre espiritual del zuliano Humberto Fernández Morán, reconocido entre los 100 hombres que más han aportado a la humanidad desde la ciencia, fundador del Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (IVNIC), hoy Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).
Como si fuera poco en esta genealogía que demuestra que la enseñanza de las matemáticas son la base de la independencia y soberanía nacional, en 1938 nace Luis Báez Duarte (1938-2018), bisnieto de Delfina Isava González, venezolano, matemático de fama mundial que trabajaría criptografía para telecomunicaciones en importantes universidades de Estados Unidos incluida el Tecnológico de Massachusset en cooperación con Humberto Fernández-Morán y volvería a Venezuela para fundar en 1969 el Centro de Estudios Matemáticos del IVIC , trabajaría con Humberto también en 1974 en la consolidación de su proyecto: Instituto Politécnico de las Fuerzas Armadas. No por casualidad el 3 de enero de 2026, el imperio norteamericano bombardeó y destruyó el Centro de Estudios Matemáticos del IVIC, fundado por Luis Báez Duarte, 200 años de historia lo explican.
Bibliografía
- Carvalho, Gloria. Descubrir lo Invisible, Humberto Fernández-Morán, el Tecnólogo Atómico, 2024.
- Duarte, Carlos. Francisco José Duarte, 1972.
- Duarte, Carlos. El Ingeniero Militar Casimiro Isava Oliver, 1971.
- Duarte, Carlos. Notas sobre el prócer de la independencia Casimiro Isava Sucre, 1965.
- Forzan-Dagger. El Sabio Juan Manuel Cagigal, 1964
- González, Francisco. José Celestino Mutis ante la Inquisición, 2009.
- Hernández, Manuel. En el Vendaval de la Revolución, la trayectoria vital del Ingeniero José del Pozo y Sucre, 1740-1816, 2013.
- Requena, Ángel “La diáspora de los astrolabios andalusíes”, 2020.
- Rivero, Nestor. El Gran Libro del Universo; Francisco de Miranda y la Ciencia, 2022.
- Sachs Carl, Desde la llanura de Venezuela, descripción del viaje científico, 1879.
- Vannini, Marisa. José Mires, patriota español maestro del mariscal Sucre: las ciencias matemáticas al servicio de la independencia americana, 2006.
- Wulf, Andrea. La invención de la Naturaleza: El nuevo mundo de Alejandro Humboldt, 2015.
[1] Expresión usada en sus cartas por el Libertador Simón Bolivar para referirse al continente Americano.
[2] Se reporta la existencia del astrolabio de Muammad ibn al Saffar del año 1020, según Ángel Requena Fraile en “La diáspora de los astrolabios andalusíes”.
[3] “Propuesta fundamental a William Pitt, en consecuencia de la conferencia tenida en Hollwood el 14 de febrero de 1790”, Documento precursor de la independencia.
[4] Desde el año 2006, los 66 tomos que componen los diarios de Francisco de Miranda, autodenominados “Colombeia”. fueron declarados como memoria histórica de la humanidad por la UNESCO.
[5] Manuel Hernández, En el Vendaval de la Revolución, 2013, 21.
[6] Francisco de Miranda, Colombeia, 1787, febrero.
[7] Alejandro Humboldt, Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente, libro nueve, tomo 5.
[8] Marisa Vannini de Gerulewicz. José Mires, patriota español maestro del mariscal Sucre, 2006, 1307-1320.
[9] Forzan-Dagger. El Sabio Juan Manuel Cagigal, 1964, 548.
[10] Forzan-Dagger. El Sabio Juan Manuel Cagigal, 1964, 553.
[11] Carlos Duarte. Francisco José Duarte, 1972, 14.
[12] Gloria Carvalho. Descubrir lo invisible, 2024, 60.
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