1. Resumen ejecutivo
El Almacenamiento Térmico Avanzado (TES) es clave para la transición energética. Permite guardar calor o frío para usarlo cuando se necesite, solucionando la intermitencia de las energías renovables. Existen tres métodos principales: sensible, latente y termoquímico. Esta tecnología mejora la eficiencia industrial, estabiliza la red eléctrica y reduce emisiones. Aunque enfrenta retos de costos y materiales, su escalabilidad la convierte en un pilar para un futuro sostenible. Es fundamental invertir en su desarrollo para maximizar el potencial de la energía solar y eólica.
2. Introducción
La crisis climática exige abandonar los combustibles fósiles. Sin embargo, fuentes limpias como el sol y el viento no son constantes. Aquí surge el Almacenamiento Térmico Avanzado (TES). A diferencia de las baterías eléctricas, el TES guarda energía en forma de calor o frío. Esto es vital porque gran parte de la energía mundial se consume como calor industrial o climatización.
El TES actúa como un puente temporal. Captura el exceso de energía cuando sobra, como al mediodía solar, y la libera cuando falta, como en la noche. No es un concepto nuevo; históricamente se usaban piedras para guardar calor. La innovación actual radica en materiales y eficiencia. Este artículo explora cómo funciona técnicamente, sus aplicaciones reales y porqué es la pieza faltante en el rompecabezas de la descarbonización global, sin recurrir a notación matemática compleja para asegurar su comprensión universal.
3. Fundamentos, Tecnologías y Aplicaciones del TES
El Almacenamiento de Energía Térmica, conocido por sus siglas en inglés como TES, representa una de las tecnologías más versátiles y prometedoras para la gestión energética moderna. Para comprender su magnitud, debemos analizar los principios físicos que lo rigen, los materiales que lo hacen posible y las aplicaciones que están transformando la industria.

3.1 Principios físicos del almacenamiento
El almacenamiento térmico se basa en la capacidad de los materiales para absorber energía y liberarla posteriormente. Existen tres mecanismos fundamentales para lograr esto, cada uno con características distintas de densidad energética y estabilidad.
1.- Almacenamiento Sensible: Este es el método más común y maduro. Funciona calentando o enfriando un medio de almacenamiento, como agua, rocas o sales fundidas, sin que este cambie de estado físico. La cantidad de energía que se puede guardar depende de tres factores descritos verbalmente: la cantidad de masa del material, la capacidad específica de ese material para retener calor por cada grado de temperatura y la diferencia entre la temperatura final alcanzada y la temperatura inicial. Por ejemplo, si calentamos un tanque de agua, la energía almacenada es proporcional a cuántos litros hay y cuántos grados sube la temperatura. La ventaja es su simplicidad y bajo costo, pero su densidad energética es moderada, lo que requiere tanques grandes para almacenar mucha energía. Además, existe un desafío técnico llamado estratificación, donde el agua caliente tiende a quedarse arriba y la fría abajo; mantener esta separación es crucial para no mezclar temperaturas y perder eficiencia.
2.- Almacenamiento Latente: Este método aprovecha la energía necesaria para que un material cambie de fase, por ejemplo, de sólido a líquido. Cuando un material se derrite, absorbe una gran cantidad de energía sin que su temperatura aumente significativamente. Esta energía queda «oculta» o latente en los enlaces moleculares. Al solidificarse, el material libera esa energía. Los materiales usados se llaman Materiales de Cambio de Fase (PCM). La gran ventaja es que pueden almacenar mucha más energía en menos espacio comparado con el método sensible, y lo hacen a una temperatura casi constante, lo cual es ideal para procesos que requieren estabilidad térmica. Sin embargo, muchos de estos materiales tienen baja conductividad térmica, lo que significa que les cuesta rápido absorber o liberar el calor, requiriendo diseños de intercambiadores de calor complejos para funcionar bien.
3.- lmacenamiento Termoquímico: Este es el más avanzado y con mayor densidad energética. Se basa en reacciones químicas reversibles. Durante la carga, se aplica calor para romper enlaces químicos y separar los componentes de una sustancia. Durante la descarga, los componentes se vuelven a unir, liberando calor. La ventaja principal es que la energía se puede guardar indefinidamente sin pérdidas, ya que los componentes separados no se enfrían como un tanque de agua. Además, la densidad energética es muy alta. El reto es la complejidad del sistema, que requiere reactores químicos sofisticados y materiales que soporten miles de ciclos de reacción sin degradarse.
3.2 Materiales avanzados

La elección del material es crítica. Para el almacenamiento sensible a bajas temperaturas, el agua es el rey por su alta capacidad calorífica y seguridad. Para temperaturas medias y altas, se utilizan aceites térmicos y, más comúnmente en la industria solar, sales fundidas. Las sales nitrato, como una mezcla de nitrato de sodio y potasio, pueden operar a más de quinientos grados Celsius, permitiendo generar vapor para turbinas eléctricas con alta eficiencia.
En el ámbito de los materiales de cambio de fase, distinguimos entre orgánicos e inorgánicos. Los orgánicos, como las parafinas, son estables y no se corroen, pero son inflamables y conducen mal el calor. Los inorgánicos, como las sales hidratadas, tienen mayor densidad energética y mejor conductividad, pero sufren de inestabilidad tras muchos ciclos y pueden separarse en sus componentes. La investigación actual busca compuestos eutécticos, que son mezclas de materiales diseñados para fundirse a una temperatura específica y precisa, optimizando el proceso.
Para el almacenamiento termoquímico, se investigan zeolitas, sales hídratas y óxidos metálicos. Las zeolitas son minerales porosos que absorben agua liberando calor, ideales para calefacción de edificios. Los óxidos metálicos se usan para temperaturas extremadamente altas, superiores a mil grados, útiles para procesos industriales pesados como la fabricación de cemento o acero.
3.3 Aplicaciones en el Mundo Real
La aplicación más visible del TES es en la Energía Solar Concentrada (CSP). Plantas como Gemasolar en España o Ivanpah en Estados Unidos usan espejos para concentrar luz en un receptor, calentando sales fundidas. Estas sales guardan el calor y permiten seguir generando electricidad hasta quince horas después de la puesta del sol. Esto convierte a la solar en una fuente gestionable, similar a una planta de gas, pero sin emisiones.
En el sector de la edificación, el TES se integra en sistemas de climatización. Los edificios pueden enfriar agua por la noche, cuando la electricidad es más barata y la red está menos cargada, y usar esa agua fría para aire acondicionado durante el día. Esto se llama «free cooling» o enfriamiento gratuito diferido. Además, los materiales de cambio de fase se están incorporando en yesos y paneles de construcción. Estos paneles absorben el exceso de calor de la habitación durante el día, fundiéndose ligeramente, y se solidifican por la noche liberando el calor, manteniendo la temperatura interior estable sin usar tanto aire acondicionado.
La industria es otro campo vital. Procesos como el secado, la pasteurización o la destilación requieren calor constante. El TES permite recuperar el calor residual de los escapes de las máquinas y guardarlo para precalentar los materiales de entrada. Esto reduce drásticamente el consumo de combustible. En los sistemas de calefacción urbana, grandes tanques de agua enterrados almacenan calor del verano para usarse en el invierno, o calor de incineradoras de basura para distribuirlo a miles de hogares.
3.4 Desafíos técnicos y económicos

A pesar de su potencial, el TES enfrenta barreras. La principal es la densidad de potencia. Mientras que una batería de litio puede entregar energía muy rápido, un sistema térmico grande puede tener inercia. Transferir el calor desde el material de almacenamiento hasta el fluido de trabajo requiere intercambiadores de calor grandes y costosos.
Las pérdidas térmicas son otro problema. Ningún aislamiento es perfecto. Con el tiempo, el calor se escapa al entorno. En el almacenamiento sensible a largo plazo, esto puede significar perder una parte significativa de la energía guardada. El almacenamiento termoquímico soluciona esto, pero introduce costos de ingeniería química mucho más altos.
La corrosión es un enemigo silencioso. Las sales fundidas a altas temperaturas son muy agresivas con los metales de los tanques y tuberías. Esto requiere aleaciones especiales de acero inoxidable o recubrimientos cerámicos, encareciendo la infraestructura. Además, la integración con la red eléctrica requiere sistemas de control avanzados. No basta con guardar calor; hay que saber cuándo liberarlo para maximizar el beneficio económico, lo que implica algoritmos de predicción de demanda y precios de electricidad.
Desde el punto de vista económico, el costo nivelado de la energía almacenada debe competir con otras formas de almacenamiento, como las baterías electroquímicas o el bombeo hidráulico. Para aplicaciones de larga duración, más de ocho horas, el TES suele ser más barato que las baterías de litio. Sin embargo, para duraciones cortas y alta potencia, las baterías eléctricas aún tienen la ventaja. Por ello, el futuro apunta a sistemas híbridos.
3.5 Integración de Sistemas
La tendencia actual es la hibridación. Imaginemos una planta industrial que usa paneles solares fotovoltaicos para electricidad y colectores térmicos para calor. Un sistema integrado podría usar el exceso de electricidad para calentar resistencias y guardar calor en un tanque (Power-to-Heat), o usar el calor almacenado para generar electricidad en momentos pico mediante un ciclo termodinámico. Esta flexibilidad es lo que define al TES avanzado: no es solo un tanque, es un gestor activo de flujos de energía.
La escalabilidad es otra fortaleza. Un sistema TES puede construirse desde la escala de un hogar, con un pequeño tanque de agua caliente, hasta la escala de una ciudad, con cavernas subterráneas de almacenamiento estacional. Este modularidad permite su implementación progresiva sin necesidad de cambios masivos en la infraestructura existente, facilitando la adopción en países en desarrollo y economías emergentes.
4. Líneas de Investigación e Investigaciones Futuras

El futuro del TES se centra en superar las limitaciones actuales de materiales y eficiencia. Una línea prioritaria es el desarrollo de nano-materiales. Al añadir nanopartículas, como óxido de cobre o grafeno, a los fluidos de transferencia o a los materiales de cambio de fase, se puede mejorar drásticamente su conductividad térmica. Esto permitiría cargar y descargar el calor mucho más rápido, haciendo los sistemas más responsivos.
Otra área crucial es la búsqueda de sales fundidas de nueva generación. Las sales actuales se degradan a temperaturas muy altas. Se investigan cloruros y carbonatos que puedan operar por encima de setecientos grados Celsius. Esto aumentaría la eficiencia de las turbinas de vapor y permitiría acoplar el TES a ciclos de supercrítico de dióxido de carbono, que son más compactos y eficientes que los ciclos de vapor de agua tradicionales.
La inteligencia artificial jugará un papel central. Se están desarrollando algoritmos de aprendizaje automático para predecir la demanda térmica y optimizar los ciclos de carga y descarga en tiempo real, considerando el precio de la electricidad y el desgaste de los materiales. Finalmente, se investiga la integración del TES con la producción de hidrógeno verde, usando el calor residual de la electrólisis o usando calor solar de alta temperatura para procesos termoquímicos de división del agua, uniendo así el almacenamiento térmico con el vector energético del futuro.
5. Conclusiones
El Almacenamiento Térmico Avanzado no es una opción, es una necesidad para una red eléctrica estable y descarbonizada. Su capacidad para gestionar la intermitencia renovable y recuperar calor industrial lo posiciona como una tecnología transversal. Aunque los desafíos de corrosión y costos iniciales persisten, la madurez de las sales fundidas y el potencial de los materiales termoquímicos ofrecen un camino claro.
Invertir en TES es invertir en eficiencia sistémica. Permite hacer más con la misma energía primaria, reduciendo la necesidad de construir nueva generación de respaldo fósil. La combinación de innovación en materiales, digitalización de la gestión y políticas de apoyo acelerará su adopción. En definitiva, el calor, cuando se gestiona inteligentemente, es la batería más sostenible que tenemos a nuestra disposición para el siglo veintiuno.
6. Referencias
- International Renewable Energy Agency. (2020). *Innovation Outlook: Thermal Energy Storage*. IRENA. https://www.irena.org/publications/2020/Dec/Innovation-Outlook-Thermal-Energy-Storage
- Kuravi, S., Trahan, J., Goswami, D. Y., Rahman, M. M., & Stefanakos, E. K. (2013). Thermal energy storage technologies and systems for concentrating solar power plants. *Progress in Energy and Combustion Science*, 39(4), 285-319. https://doi.org/10.1016/j.pecs.2013.02.001
- Gil, A., Medrano, M., Martorell, I., Lázaro, A., Dolado, P., Zalba, B., & Cabeza, L. F. (2010). State of the art on high temperature thermal energy storage for power generation. Part 1: Concepts, materials and modellization. *Renewable and Sustainable Energy Reviews*, 14(1), 31-55. https://doi.org/10.1016/j.rser.2009.07.024
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Autor: Daniel Escobar Celis
Centro de Ingeniería Mecánica y Diseño Industrial







