
Prensa Instituto de Ingeniería/ Andreína Torrealba (Caracas, 01 de junio de 2026). –El Instituto de Ingeniería para la Investigación y Desarrollo Tecnológico dio inicio formal a las actividades conmemorativas de su cuadragésimo sexto (46.º) aniversario. El evento central estuvo encabezado por su presidente, el Profesor Francisco Durán, quien presentó un balance histórico sobre la evolución de la ciencia en el país y delineó los ejes estratégicos del Plan Nacional de Ciencia, Tecnología y Cultura de la Innovación 2025-2055, orientado a consolidar la soberanía tecnológica de la Patria frente al cerco económico global.
Durante su intervención, el Profesor Durán realizó un recorrido histórico que contrastó la Venezuela agroexportadora de los años 1920 con el advenimiento del modelo de «enclave petrolero», una estructura que, si bien generó altos ingresos por la renta del suelo, consolidó una dependencia técnica y cultural que subordinó el desarrollo nacional.
Para comprender la identidad científica y el entramado industrial de la Venezuela contemporánea, es imperativo analizar la metamorfosis radical de principios del siglo XX. En los años 20, Venezuela no era la potencia energética que conocemos; era un país agrario, fragmentado y sumido en una precariedad extrema. Con apenas dos millones de habitantes —el 90% de ellos en zonas rurales—, la nación estaba azotada por la malaria y una desarticulación política.
Éramos el primer productor mundial de café y el segundo de cacao. Es un dato revelador y doloroso que, un siglo después, Venezuela aún no ha logrado recuperar los niveles de producción de cacao de aquella época. A pesar de este liderazgo agrícola, éramos el país más pobre de América Latina después de Haití, sumidos en un analfabetismo masivo. No existía una nación unida. Para viajar de Maracay a Caracas se debía navegar hacia Puerto Cabello, y los habitantes de los Andes encontraban más fácil abastecerse en Colombia que comunicarse con el centro del país. Este escenario de aislamiento y tradición agrícola fue sacudido por la aparición del petróleo, un recurso que, al sustituir al carbón en 1914 como energía mundial, transformaría la estructura económica y social del país para siempre, aunque a un alto costo de dependencia.
«La historia de nuestras instituciones nos enseña que la propiedad legal del recurso natural es insuficiente si no se domina el conocimiento técnico profundo. Dejar de ser una ‘bodega’ que consume tecnología extranjera para convertirnos en una potencia que se apropia del saber es el desafío de esta generación», aseveró Durán.
Institucionalización y el Nacimiento del Instituto de Ingeniería
Para la década de los 70, Venezuela era ya un país mayoritariamente urbano, pero industrialmente incompleto. La nacionalización petrolera de 1975 desnudó la realidad: el Estado tomaba el control de los pozos, pero no del cerebro técnico. En este contexto nace el Instituto de Ingeniería. Su origen, no obstante, estuvo marcado por la fricción institucional y política de la época: mientras que sectores vinculados a la socialdemocracia (Adecos) impulsaron el IDEA (Instituto de Estudios Avanzados) con un enfoque más académico y de salud, los sectores vinculados al socialcristianismo (Copeyanos) promovieron el Instituto de Ingeniería como un brazo técnico-industrial. El Instituto fue concebido para «venezolanizar» la industria pesada, integrando como entes fundadores a los pilares estratégicos del Estado: CANTV, CADAFE, VENALUM, CVG y PDVSA.
La ciencia ante la emergencia: del deslave de Vargas a la pandemia de COVID-19
La capacidad de respuesta científica ha sido probada en crisis extremas. En el desastre de Vargas de 1999, la ciencia fue la autoridad única: se utilizó procesamiento digital de imágenes satelitales (CPDI) para mapas de emergencia y se aplicaron protocolos químicos (gotas de cloro) que evitaron epidemias masivas, logrando una recuperación récord de servicios. Esta lógica se repitió en la pandemia del COVID-19, donde la coordinación estratégica permitió una mortalidad inferior al 2% y una vacunación del 100%, demostrando que nuestro sistema científico sabe articularse para salvar la vida cuando el mercado global nos da la espalda.
Esta capacidad de respuesta se reeditó ante la Pandemia de COVID-19:
1. Gestión Centralizada: Un mando científico unificado que priorizó la salud colectiva sobre el mercado.
2. Soberanía en Vacunación: Se alcanzó la inmunización total mediante alianzas estratégicas, superando el bloqueo financiero.
3. Resultados de Impacto: Una mortalidad inferior al 2%, una de las más bajas del continente, validando el modelo de ciencia aplicada.
¿Por qué es relevante este hito? Las medidas coercitivas desde 2015 forzaron la transición del rol de «importador de tecnología» al de «innovador por necesidad». La crisis obligó a la apropiación tecnológica: aprender a reparar, mantener y fabricar lo que antes simplemente se compraba, transformando la sanción en un catalizador de soberanía.

Ciencia de Resistencia: de la emergencia a la estabilidad
El presidente del Instituto, Durán reivindicó el rol estratégico del sector científico durante las coyunturas más complejas de la República, citando la actuación del Centro de Procesamiento Digital de Imágenes (CPDI) como autoridad técnica durante el deslave de Vargas en 1999, y la posterior reorientación institucional entre 2020 y 2022, período en el que la comunidad científica nacional —bajo la conducción de la ministra Gabriela Jiménez— asumió la vanguardia frente a la pandemia de la COVID-19, alcanzando una tasa de mortalidad inferior al 2% y el 100% de inmunización a pesar del bloqueo financiero.
Asimismo, Durán rindió homenaje al compromiso ético de la clase trabajadora de la institución, recordando las severas limitaciones de transporte, alimentación e hiperinflación superadas en los años de mayor asedio económico (2015-2018), lo que forjó una identidad de resistencia institucional que hoy sirve de base para la nueva etapa de optimización y crecimiento de los laboratorios.
El éxito de esta visión depende de los «semilleros científicos» y la articulación con las escuelas técnicas. El objetivo es crear un «País Potencia» que no solo exporte materia prima cruda (hierro, petróleo, aluminio), sino que tenga la capacidad de transformarla internamente en bienes de capital y perfiles industriales útiles.
Ejes del plan estratégico 2025-2055
La proyección del instituto para las próximas tres décadas se operacionalizará mediante dos macroobjetivos:
1. Apropiación Tecnológica de Bienes Intermedios: Centrada en la reingeniería y fabricación nacional de componentes, perfiles mecánicos y sistemas de telemetría para las industrias básicas (PDVSA, CVG, CORPOELEC), renunciando a la exportación de materia prima cruda.
2. Regulación del Sistema Nacional de CTI: Un marco de integración orgánica entre universidades, escuelas técnicas, el sector militar y el poder popular organizado a través de la Ciencia Comunal y la Universidad de la Comuna, impulsando la corresponsabilidad en el financiamiento científico.
Anuncios tecnológicos e implementación inmediata
Como parte de los logros tangibles del aniversario, las autoridades anunciaron tres hitos operacionales que se ejecutarán durante el presente mes:
• Dotación de infraestructura científica: El arribo e instalación en los laboratorios del Instituto de Ingeniería de un nuevo microscopio electrónico de alta envergadura y resolución avanzada, que potenciará los estudios de caracterización de nuevos materiales y biología aplicada.
• Transformación digital y ciberseguridad: El lanzamiento por parte de la Oficina de Tecnologías de la Información (OTI) de una aplicación soberana de Firma Electrónica para dispositivos móviles (teléfonos y tabletas), optimizando la gestión administrativa del Estado bajo estrictos protocolos de encriptación nativa.
• Soberanía Marítima e Insular: El despliegue de herramientas de geomática y teledetección para la vigilancia y el desarrollo científico de los 700.000 $km^2$ de territorio marítimo y la protección de la Amazonía venezolana.
Agenda aniversaria
La programación de la primera semana aniversaria contempla una Jornada de Calidad orientada a la industrialización (junto a la comunidad de Yaracal y transmitida por Radio Nacional de Venezuela), simposios sobre el estado de la ingeniería con investigadores del IVIC, actividades culturales y deportivas interinstitucionales y el foro central dictado por el Dr. Jorge Arreaza.
El Instituto ratifica su compromiso histórico de transformar el conocimiento en un instrumento de liberación nacional, consolidando una «Ciencia para la Vida» que garantice la dignidad y la soberanía absoluta del pueblo venezolano.
Celebrar 46 años del Instituto de Ingeniería es, en esencia, un acto de conciencia histórica. Este aniversario no es una celebración vacía, sino un debate sobre la eficiencia y el futuro. Debemos recordar que «no siempre fue así»: hoy contamos con transporte, comedor, servicios médicos y becas de formación que son fruto de una lucha persistente contra la asfixia económica.
Hago un llamado a la mística de trabajo. No podemos permitir que la comodidad de los beneficios actuales devenga en indolencia o falta de compromiso. La diferencia entre el éxito y el estancamiento reside en la ética del esfuerzo; la institución no es un ente ajeno, sino el resultado de lo que cada trabajador aporta. En medio de la crisis más aguda, con hiperinflación y sin recursos mínimos, este Instituto produjo soluciones. Esa es la esencia que debe prevalecer.
La invitación es a participar en las jornadas de calidad, conversatorios técnicos y festivales culturales. En este 46° aniversario, reafirmamos que la ciencia es, y será, el motor de la Venezuela potencia y soberana, puntualizó, Durán.









