
A través de la Agencia Bolivariana para Actividades Espaciales (ABAE), Venezuela ha consolidado su capacidad operativa en la gestión global de riesgos mediante el uso del satélite Sucre (VRSS-2). Durante el mes de abril, la institución actuó como proveedora de productos cartográficos de valor agregado para atender emergencias por inundaciones en República Dominicana, Kazajistán y Nueva Zelanda, en el marco de la Carta Internacional sobre el Espacio y las Grandes Catástrofes.
El proceso técnico, ejecutado por la Dirección de Aplicaciones Espaciales (DAE), consiste en la adquisición de imágenes de alta resolución que son procesadas con algoritmos de teledetección. Estos datos permiten generar mapas temáticos de alta precisión para identificar áreas afectadas por eventos naturales extremos, facilitando la comparación de escenarios antes y después del incidente, incluso en zonas que por su geografía resultan de difícil acceso.
Carlos Zerpa, especialista de la ABAE, explicó cómo esta integración tecnológica ha transformado la seguridad ciudadana. “Esta capacidad permite transitar de un modelo de respuesta reactiva a uno proactivo. Mediante el análisis multitemporal y la detección de cambios, podemos determinar áreas susceptibles a inundaciones, lo que se traduce en planes de ordenamiento basados en datos técnicos que optimizan rutas de evacuación antes de que ocurra el evento”, señaló.
La utilidad de estas herramientas se evidencia también en la atención de contingencias ambientales complejas, como el monitoreo del reciente derrame de hidrocarburos en el Golfo de Paria. En este caso, la ABAE empleó la plataforma SNAP para procesar datos ópticos y de radar que permitieron cuantificar el desplazamiento de la mancha de crudo hacia las costas de Sucre y Delta Amacuro. Esta información técnica fue vital para que las brigadas voluntarias concentraran sus esfuerzos de limpieza en sectores estratégicos como Güiria, minimizando el impacto ecológico.
De esta manera, la ciencia espacial venezolana se consolida como una disciplina con profundo sentido humano, donde la inversión en tecnología se traduce en una capacidad real para mitigar el sufrimiento y preservar los ecosistemas.
Fuente: Prensa Mincyt/ https://tinyurl.com/5xyueew9








