
«La ciencia ha sido siempre una teología.
Por tanto, lo que debemos tener en cuenta cuando hacemos ciencia es a qué sistema de creencias estamos tributando; cuáles son las concepciones de mundo que están presentes en nuestra manera de conocer».
José Romero-Losacco, antropólogo y pensador descolonial venezolano, en el foro «Una ciencia para nuestro tiempo. Investigación científica venezolana para el tejido de la vida y la paz».
«El sujeto de la ciencia que justifica y legítima la idea de “objetividad” como “neutralidad,” que se ampara en un método científico unívoco —esto es, en la ciencia moderno/colonial—, es aquel que tiene como sistema de creencias el capital.
La ciencia moderna responde al capital, como el gran dios del mundo que estamos viviendo…, a ese dios al que se le sacrifican vidas humanas todos los días.
¡Todo marco teórico tiene un marco histórico detrás, aunque no seamos conscientes o no lo reconozcamos!
Cada científico piensa en una lengua que ha aprendido de su comunidad, piensa desde una historia que ha recorrido en su comunidad. Pero, cuando asumimos, el método tradicional de la ciencia esto no entra en la ecuación.
Tenemos la idea de que la ciencia es «objetiva», o sea, que hay una separación de la humanidad de la mal llamada «naturaleza». Una subjetividad cuasiesquizofrénica, que convierte el mundo en objeto.
El sujeto que debe asumirse como productor del conocimiento no es un sujeto corpóreo: es un sujeto abstracto, que puede dividir el mundo y no entiende las relaciones de lo que existe. Esto es: no ve ni comprende lo real de la realidad. Este sujeto se expresa en la llamada “razón” —una razón flotando ajena al mundo que estudia—.
Descolonizar la ciencia para co-crear la vida, la comuna, implica subvertir los sistemas liberales de los sistemas de planificación, producción y difusión del conocimiento.
Si nosotros/as estamos apostando por una democracia distinta, debemos pensar una ciencia que sea cónsona con esa democracia que estamos construyendo. Habría que interpelar: ¿Qué ciencia es consustancial con una democracia comunal?
La pregunta epistemológica, metodológica y ética que tendríamos que hacernos como científicos/as es esta: ¿Cuál es el sujeto de conocimiento que estamos dispuestos a asumir como consustancial al tipo de democracia que queremos?
Pensar una ciencia para la vida requiere dejar atrás los criterios e indicadores de la forma en que una ciencia para la muerte se evalúa a sí misma.
Como nos recuerda el maestro Juan José Bautista, para entender un concepto, debemos preguntarnos por el contenido del concepto. El contenido de todo concepto es su definición. De modo que habría que preguntarse cuál es el contenido de esa definición, y el contenido de cualquier definición son las relaciones humanas: ¿Cuáles son las relaciones humanas contenidas en ese concepto?
Este es el gran reto que tenemos para la transformación de nuestra idea del quehacer científico en el país, especialmente ante la gravedad del momento que enfrentamos en 2026. Se han hecho muchas cosas, pero aún nuestra cultura científica sigue pretendiendo ser “objetiva” y “neutral”.
Necesitamos “quebrar” los sistemas de creencias desde la formación que tenemos, que es colonial, sobre lo que significa la ciencia. Ello significa hacer una arqueología descolonial del sistema-mundo. Darnos cuenta de las múltiples interacciones que conformaron lo que llamamos «modernidad» o «capitalismo», y cómo nos configura.
Si no hay compromiso con la realidad de pie ni con la comunidad, no podemos hablar de una ciencia para la vida».






