“Ojos” del Instituto de Ingeniería mantendrán monitoreo en tiempo real de la situación de las costas venezolanas

Temperatura, salinidad, pH, dirección del viento y clorofila en el mar son algunos parámetros que medirán las boyas diseñadas por científicos criollos

Prensa Instituto de Ingeniería (Caracas, 23 de febrero de 2026).- Más de 25 investigadores e investigadoras de Venezuela trabajan en un proyecto país, interinstitucional, de diseño de boyas oceanográficas que suministrarán información continua y en tiempo real de la realidad física y biológica del espacio marítimo venezolano.

A diferencia de las boyas de balizaje, que solo marcan canales de navegación, lo que Venezuela está levantando es un “laboratorio autónomo flotante” que permitirá conocer el comportamiento de las aguas territoriales del país, tal como lo informó la caraqueña Michelle Palacios, directora del Centro de Ingeniería Eléctrica y Sistemas del Instituto de Ingeniería para Investigación y Desarrollo Tecnológico, y coordinadora técnica de este proyecto en este instituto.

De acuerdo con la información suministrada por esta ingeniera electrónica, con un equipaje de más de 23 años de experiencia científica, se trata de un compromiso del Estado venezolano para desarrollar tecnología propia, aplicada, que contribuirá al fortalecimiento de la investigación en el país.

En esta iniciativa nacional ―en la que participan especialistas del Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC), el Instituto Nacional de los Espacios Acuáticos (INEA), de la Universidad Simón Bolívar, de la Fuerza Armada y del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC)―, el Instituto de Ingeniería tiene aportes en diversas áreas. Una de estas es la geomática, y de la cual, en esta ocasión, nos dan detalles tres investigadores de larga trayectoria.

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Compromiso ambiental con un planeta en crisis

Para Elio Suárez, uno de los investigadores que tiene más de 20 años el Instituto de Ingeniería, este esfuerzo científico constituye una de las respuestas venezolanas ante la crisis ambiental planetaria. «Estamos evaluando materiales de acuerdo con nuestras necesidades específicas. El fin último es el monitoreo constante: estas boyas detectarán desde niveles de oxígeno hasta posibles contaminaciones petroleras, permitiéndonos actuar antes de que el daño sea irreversible».

Uno de los puntos más fascinantes es el estudio de la clorofila. Suárez expresó que, mediante sensores, podrán detectar si hay exceso de esta sustancia, lo que sirve como un termómetro biológico del mar. Esto es vital para la fase de diagnóstico actual, donde se están definiendo las recomendaciones sobre dónde se ubicarán estratégicamente estas unidades.

La versatilidad de este proyecto radica en su carga útil, la cual integra sensores de alta precisión diseñados para captar datos críticos: se puede obtener información de la dinámica marina, la medición de corrientes, altura de olas y mareas, los parámetros meteorológicos, la calidad del agua con sensores de temperatura, salinidad y pH, esenciales para la salud de los ecosistemas, y lo recopilado será enviado mediante transmisión de datos encriptados para el análisis soberano de la información.

Océano de datos para la planificación estratégica

La información que generarán estas boyas alimentará un sistema de monitoreo geoespacial fundamental para el nuevo modelo económico. El especialista de Geomática, Daniel Moreno, explicó la importancia de esta «soberanía del dato».

«El control de la información sobre nuestras corrientes y salinidad nos permitirá modelar escenarios económicos con precisión. Estos datos no irán a servidores extranjeros; se quedarán en Venezuela para que el Poder Público y las comunidades organizadas puedan planificar desde la siembra marina hasta la logística portuaria. La geomática es, en este contexto, una herramienta de liberación económica».

Este proyecto de boyas oceanográficas permitirá dar un «salto soberano» en cuanto al conocimiento sobre nuestro clima, nuestro tiempo y la salud de las costas venezolanas.

Al proporcionar datos precisos sobre el estado del mar, el proyecto se engrana directamente con los motores productivos de la nación; contribuye a la seguridad navegacional al lograr optimizar las rutas comerciales y petroleras, y reducir los riesgos de accidentes y costos operativos; beneficia la pesca y acuicultura al permitir identificar zonas de surgencia y patrones migratorios de especies, potenciando la producción pesquera nacional, y esto mejorará la planificación costera al facilitar el diseño de infraestructuras portuarias y turísticas basadas en datos reales, no en estimaciones.

El proyecto tiene una escala nacional sobre el territorio azul que involucra la participación de todo el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Daniel Moreno detalló que la información captada por los sensores se espera que viaje directamente a servidores en el Instituto. «Esa data será oro puro para nuevas investigaciones. Nos permitirá predecir sequías o inundaciones al monitorear los factores climáticos con precisión», detalló.

Incluso instituciones como el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) serán usuarias privilegiadas de este proyecto, ya que estas boyas podrían rastrear, por ejemplo, las rutas migratorias de las ballenas, un dato clave para la biodiversidad.

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Ciencia con sello nacional

Para José Arismendi, investigador del Centro de Geomática del Instituto, el Centro de Geomática del Instituto, la clave está en el origen de los recursos. «Es una metodología soberana: si nosotros lo fabricamos, nosotros sabemos cómo mejorarlo y mantenerlo», afirmó con el orgullo de quien ve nacer un hijo de la ingeniería criolla.

«Estamos definiendo los criterios de localización: cuántas necesitamos y dónde. Esto le dirá al pescador dónde están los cardúmenes según la temperatura y las corrientes, optimizando la producción nacional. Es pasar de una pesca de adivinación a una pesca con información científica», explicó Arismendi.

El profesor Arismendi enfatizó el valor de este logro: “A diferencia de los modelos tradicionales dependientes de divisas y suministros externos, este proyecto destaca por la utilización de materiales y talento 100 % venezolano”.

Engranaje perfecto

Este proyecto es la muestra de una sinergia perfecta entre los centros del Instituto de Ingeniería. Mientras el Centro de Geomática se encarga de todos los datos de donde estarán las boyas hasta la meteorología; el Centro de Ingeniería Mecánica se encarga del diseño estructural; el Centro de Ingeniería Eléctrica y Sistemas optimiza el consumo de los sensores y la energía (evaluando paneles solares o incluso energía eólica); y el Centro de Tecnologías de los Materiales pone a prueba cada componente para que resista la corrosión del salitre, así como las diversas condiciones ambientales tanto meteorológicas como de radiación solar, salinidad, bioambientales (presencia de organismos que puedan adherirse y dañar los equipos) entre otros factores.

Alianza estratégica y visión de Estado

Este «centinela azul» que hoy se diseña en las mesas de trabajo del Instituto de Ingeniería no solo medirá olas; medirá la capacidad de un país para entender su propio territorio y protegerlo. Como dicen sus investigadores, cada paso en este diagnóstico es un paso hacia un futuro donde el mar venezolano ya no sea un desconocido, sino un aliado “protegido” para la reproducción y producción de la vida.

Este proyecto se alinea con las líneas estratégicas del Gobierno Bolivariano de una actividad científica y tecnológica que responda al contexto geopolítico mundial y a las necesidades específicas de nuestro país. Al controlar la data oceanográfica, Venezuela fortalece su soberanía. Más allá: lograr que estas boyas sean hechas plenamente por el Instituto sería una innovación histórica.

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