¡SEÑALES DE UNA CIVILIZACIÓN EN PLENO COLAPSO!

¿Ya leíste la crucial reflexión hecha por la Vpdta. venezolana de Ciencia, Gabriela Jiménez-Ramírez, sobre los peligros de la ideología y la maquinaria imperiales?

 Estamos en una hora terrible para la humanidad, en la que el silencio también toma partido. En momentos decisivos, los silencios evidencian aquello que se borra.

En este contexto tan complejo, la responsabilidad comunitaria de las científicas, de los científicos, de todo conglomerado humano de investigación y pensamiento pasa por asumir un posicionamiento ético frente a la violencia de una civilización que se desploma. Si no, preguntémonos cuánto nos cuesta la vida.

 La pedagogía benjaminiana ―que nos invita a salvar el pasado en el presente― nos recuerda que, «librada a sí misma o acariciada en el sentido del pelo, la historia solo producirá nuevas guerras, nuevas catástrofes, nuevas formas de barbarie y opresión».

Por tanto, nos corresponde revisar la historia a contracorriente de la versión hegemónica, si queremos enfrentar y socavar la legitimidad del poder de los colonizadores, antiguos y presentes. Como «los genocidas exigen la represión de la memoria, ya que solo así pueden construir su inocencia» ―siguiendo a Breny Mendoza (2026)―, hay que hacer de la memoria la activadora de una _razón para la vida_.

El momento histórico nos exige un pensamiento que sea capaz de desmontar los engaños coloniales y sentar bases de entendimiento complejo de una realidad que desborda miradas desconectadas de la memoria histórica y de la agencia de los pueblos.

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